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“The loneliness”
Again my loneliness gets you dark,
I’m so sorry as I feel you,
I know that there are no words that
help the neglect of the
absent hours where we do not
exist,
from my cloister only
disappointments populate you.
You can hear my hands
crossing you in the paper,
in the keyboard, nevertheless
there is nothing more inquiring
than the distance of their rhetoric
on your flourishing skin,
under your tangled hair of pleasure
stimulating my blood,
like trying to seduce me
forever, and without truce.
Forgive me also eternally
and I will grow increasingly intensely
surrounding you, I will concentrate
so many beauty in your body that
you will wish the rest, to the end,
of missing me, sometimes.
“La soledad”
De nuevo mi soledad te oscurece,
lo siento tanto como te siento,
sé que no hay palabras que
auxilien el desamparo de las
horas ausentes donde no
existimos,
desde mí clausura sólo
te pueblan decepciones.
Puedes oír mis manos
recorriéndote en el papel,
en el teclado, sin embargo
no hay nada más inquisidor
que la lejanía de su retórica
sobre tu piel floreciente, bajo
tu cabello enredado de placer
estimulando mi sangre,
como intentado seducirme
para siempre, y sin tregua.
Perdóname también eternamente
y creceré cada vez más intenso
rodeándote, concentraré tanta
belleza en tu cuerpo que desearás
el descanso, al fin, de echarme de
menos, a veces.
Ya está en el proceso de impresión, comenzó la cuenta atrás.
Sobre tu pubis
Sobre tu pubis mi cabeza descansa
como muerta, entre tus piernas mi pecho
regresa de robar oxígeno por los rincones,
resucitado.
el mundo acaba en un sudor helado de pies.
de nuevo acabamos en tablas la
encarnizada lucha por la supremacía de
satisfacer; de esa forma suicida en que todo
en la locura, al fin cobra sentido.
Sobre tu pubis yazgo sin culpas ni necesidades;
sólo sangre regresando reconfortante.
Próximamente a la venta. Dentro de poco uno de mis sueños podría tener esta forma

Poemas de amor inmisericordes (Mi primer libro)
Una vez más el atardecer ha
desterrado
mi vínculo con la vida.
De nuevo el silencio desocupa
mi razón hasta olvidar el mundo.
Y esa calma como muerta que me habita;
ebriedad que me resume a descubrir
la más somera señal de que puedas
estar a punto de abrir tus fauces,
me obliga a poblarte.
Las sombras mimetizan mi piel
con el blanco desierto por donde
retumban tus latidos arrítmicos.
El misterio avala a mis manos aladas,
tomando poco a poco tu forma cálida,
mientras la noche cae sin remedio y
sepulta en el sol, los intentos de tus
sentidos por mantenerse sin
fugas
ni
fallas.
Al fin caes en la histeria del hambre;
y devoras y deshaces, y formas parte
de cada átomo que sucumbe, de cada
imagen sagrada que se erige.
Al fin somos la causa de toda la belleza,
el por qué de los dioses.
tus uñas de rapaz impía.
En ansiosos hijos que
exploraron sin fortuna desde
tu boca, los senderos que
conducen a la vida.
Elástico, hidratando cada
célula erudita que erigió
placeres a mi tacto.
Amanecí sombra refugiada
entre tus pechos amasados.
Aire asfixiado en tu garganta.
Huracán lejano en tus oídos.
En anestésicos aromas por el
horizonte de tus vellos encolados.
Abrí los ojos entre vestigios
de un holocausto que aún
rezumaba somnolientos placeres
bajo tus restos; esparcidos
caóticamente en este universo
de sosiego y de recuerdos.
Y nunca más pensé que morir
fuese algo peor que no estar
de nuevo, derramado del todo
y sin mesura, en ti.
Espérame habitando la quietud
de los atardeceres por sus balcones
en llamas, incinerado de incertidumbre.
En la sal ensangrentada de un mar
ultrajado por rencorosos huracanes,
enfurecido a base de sueños marginados,
y de promesas infieles que rezuman
ácidos cristalinos por tus ojos.
Ensartado por el sol en las púas de
una acacia venenosa, recluida en el
olvido humeante de la sabana.
Estaré aguardándote crucificado
en las cuevas que resurgen del
pasado, como breves infiernos de
dudas y desencantos que creíste
sepultadas de ilusiones.
En todo esto me hallarás cuando tu
respiración te invada de amenazas,
cuando los versos sólo parezcan
antagonistas utopías que
quebrantan insolentes tu ánimo
de mantis onanista e iracunda.
Suicidándome ante ti intentaré
que mi debilidad te disuada del vacío
con que tu mirada me ejecuta, ahora,
mientras callas, como si nunca
hubiésemos engendrado caricias.